10 de febrero de 2014

Tú sientes, tú interpretas, tú decides


¿Te has preguntado por qué una persona puede hablar en público sin sentir presión mientras que otra se convierte en un manojo de nervios? ¿Por qué algunas personas sufren un bloqueo emocional en determinadas situaciones mientras que para otras es un aliciente que les ayuda a mejorar su desempeño? Podemos encontrar algunas respuestas en un curioso y controvertido experimento desarrollado en el lejano 1973.

El Puente del Amor

El experimento era muy sencillo: los investigadores reclutaron a un grupo de hombres que normalmente se ponían nerviosos ante diferentes situaciones sociales y que tendían a exagerar los hechos focalizándose en los aspectos negativos. Aparentemente, su único cometido en el estudio era cruzar un puente que se balanceaba sobre una caída de 230 metros sobre el río.

No obstante, de repente, fueron abordados por una mujer atractiva que les pidió que llenasen una encuesta. Después de que los hombres completaron la encuesta, la mujer (que era en realidad una actriz) les dio su número de teléfono y les dijo que podían llamarla si querían que les explicase más detalles sobre el estudio que estaba realizando.

En otro escenario había otro grupo de hombres que vivían la misma

situación, con la única diferencia de que su puente era más estable y se encontraba solo a pocos metros sobre un pequeño arroyo.

La pregunta era: ¿el miedo provocado por cruzar el puente incidiría en la decisión de llamar a la mujer atractiva?

¡Pues sí! De los hombres que cruzaron el puente estable, solo 2 llamaron. Sin embargo, en el grupo que tuvo que enfrentarse al puente más peligroso, llamaron 9. Se trata de cifras pequeñas porque cada grupo estaba compuesto por 16 personas pero, desde el punto de vista estadístico, la diferencia es significativa. ¿Por qué?

Una sensación, diferentes formas de interpretarla

Los investigadores estaban convencidos de que los hombres confundieron el miedo con la atracción. Es decir, que interpretaron las reacciones propias del temor como signos de atracción. En práctica, confundieron la fuente de su estrés y el nerviosismo (causado por el puente) con las sensaciones que suele provocar la atracción, por eso quienes se enfrentaron al peligro fueron más propensos a llamar a la mujer.

Si reflexionamos al respecto podremos ver que no se trata de una idea tan descabellada, basta pensar en lo que sentimos cuando nos subimos a una montaña rusa. Nuestras pupilas se dilatan, el ritmo cardíaco se acelera, comenzamos a sudar y las piernas nos tiemblan. Son exactamente las mismas sensaciones que viviríamos ante un atraco. Sin embargo, pagamos por subirnos a una montaña rusa y estaríamos dispuestos a pagar para evitar un robo.

Se trata de dos situaciones que provocan las mismas respuestas fisiológicas pero hacemos lecturas muy diferentes de manera que un hecho nos resulta extremadamente placentero mientras el otro puede convertirse en un trauma.

¿Qué implicaciones prácticas tiene este experimento?

Los resultados de este experimento han sido muy controvertidos pero nos dejan entrever que nuestras emociones no son simplemente estados que brotan desde nuestro interior sobre los que tenemos muy poco control. Al igual que los pensamientos, nuestras emociones también dependen de la interpretación consciente que realicemos de lo que sentimos y del entorno.

Las emociones no son lo opuesto a la racionalidad, como siempre hemos pensado, sino que están vinculadas indisolublemente a la percepción que tenemos del mundo y de nosotros mismos. Por tanto, la próxima vez que experimentes un estado de ánimo muy negativo, recuerda que la forma en que etiquetes esos sentimientos puede cambiar radicalmente la huella que estos te dejen.


Fuente:
Dutton, D. G. & Aron, A. P. (1974) Some evidence for heightened sexual attraction under conditions of high anxiety. Journal of Personality and Social Psychology; 30(4): 510-517.

http://www.rinconpsicologia.com/2014/02/tu-sientes-tu-interpretas-tu-decides.html

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