Lo primero que tendría que moverse es la consciencia, anquilosada por tantos días de sinsentido. A continuación, deberían germinar las dudas, para crecer en forma de preguntas, esos cuestionamientos críticos que rompen cascarones y develan que algo está sucediendo.
Los puntos de vista del entorno vacilan, alguna crítica a quemarropa, es lanzada desde el lugar donde se reúne la gente que nos quiere, hay incertidumbre en el ambiente, todo estaba bien cuando estábamos mal, dice alguien sin decirlo, en el patio de la sospecha, se agazapan algunos rumores, un consejo se asoma, quiere hacernos entrar en razón, no admite en su rigidez, la existencia de otras racionalidades, desde las cuales se pueda disponer de otras categorías con las cuales sea posible producir conocimiento.
El tiempo ha transcurrido, muchas verdades al ser descubiertas en su inautenticidad, se lanzan por la ventana de la vida y terminan descartadas,
como todo lo que no pasó la prueba del tiempo. A diferencia de ellas, la sabiduría ancestral, abre la puerta del silencio y tararea su nuevo status de existencia. Hay otros conocimientos igualmente válidos, que durante mucho tiempo fueron descartados o mantenidos en la categoría de superstición, actualmente se levantan erguidos y se deslizan por los senderos del conocimiento contemporáneo, mostrando no solo una total vigencia sino, la superioridad conceptual y práctica, en muchos campos de la vida.
Los abuelos indígenas, portadores de esa sorprendente sabiduría ya no están, pero nos llaman desde las puertas de la memoria. Aun somos pocos, los que redescubrimos ese conocimiento, pétreamente guardado en forma de monolitos, de pirámides, de centros ceremoniales, de plantas sagradas. Y El silencio comenzó a hablar, a compartir los secretos; los abuelos invisibles desde su ausencia presente, emergieron como estrellas a la hora vespertina, para enseñarnos el sagrado y olvidado arte de vivir que incluye, aprender a ser felices, porque sin felicidad, se incomoda la eternidad y se llena de basura la mente.

Reunidos los cuatro anteriores, habitando en la misma vida, posibilitan que se haga presente de manera permanente la salud, ese regalo psicofísico reservado para quienes,aprendieron a vivir. Las viejas novedades están presentes para recordar al humano contemporáneo, que aún es tiempo, de aprender a vivir y que no es vida, lo que permanece, en el ataúd de la infelicidad.
CHAMALÚ
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