
Hoy dedica tu vida a amar, porque la muerte está cerca. Esto no es deprimente, es el Camino, y siempre ha sido el Camino.
La muerte nos llega a todos, al santo y al pecador por igual, al rico y al pobre, a la ameba y a la Vía Láctea; ella viene de noche o en la brillante luz del día, llega inesperadamente, a menudo sin previo aviso; la muerte no sabe nada acerca de tus planes, de tus sueños sobre lo que debería de ser. Ella es salvajemente inconmovible, honesta, un espíritu libre, un amante, y es irremediablemente incomprendida.
Ella apagará la película en medio de cualquier escena, de cualquiera. Ella no discrimina. La gran escena de amor, la escena de increíble éxtasis, la escena en donde por fin todo está saliendo bien, la escena donde la muerte parece tan distante; ella se escurrirá en medio de la escena y te susurrará al oído: "Esto ha sido todo... Suéltate..."
Sin ella, la vida perdería todo su significado, porque el significado está hecho sólo en relación a, o a partir de la muerte y la finitud y la limitación. La nada infinita no puede significar nada para la nada infinita. La muerte nos conecta con los ritmos de la vida.
Si viviéramos para siempre, daríamos todo por sentado. Cada encuentro con un amigo o amante perdería su encanto. Tendríamos un tiempo infinito para hacer las paces, para sanar, para dar lo que tenemos para dar. No habría