Mientras recorría ensimismado el magnífico parque nacional Talampaya, en la Provincia de La Rioja (Argentina) , con sus tesoros paleontológicos y arqueológicos, recordé haber leído sobre una supuesta ciudad intraterrestre bajo aquella zona, inclusive la nombraban como ciudad intraterrena de Ankar.
Este pensamiento me volvió a surgir cuando nuestro guía Sergio nos contó sus particulares experiencias.
Talampaya. Una de las anécdotas más atractivas que nos reveló es la siguiente: cierto día cuando los guías realizaban la primera
excursión a tempranas horas de la mañana, se encontraron con un grupo de personas vestidas con túnicas plateadas que salían del cañón; los guías les preguntan cómo habían entrado y por qué estaban allí, y ellos les relatan que venían siguiendo desde la noche anterior una nave luminosa.
Entrada la madrugada, la nave, comienza a desplazarse hacia la zona de Talampaya; este grupo de personas la sigue, ingresan al parque sin autorización pasando el resto de la noche allí.
Habían estado meditando en el lugar llevando consigo un instrumento de viento llamado Didjeridú.(1)
Los mismos guías también nos contaron de un grupo de monjes extranjeros que contrataron una excursión exclusivamente para ellos, desde la mañana hasta la tarde, y que meditaban frente a una formación rocosa llamada “La chimenea”, que consideraban una puerta interdimensional.
Aseguran que muchos lugareños suelen verlas.
Todos estos relatos nos hacen suponer que hay algo fuera de lo normal en el cañón de Talampaya, más allá de su atractivo turístico por su imponente belleza.
No quiero dejar de mencionar los enigmáticos petroglifos, cuyas figuras algunos investigadores consideran que representan “antiguos astronautas”, sumándoles una conexión no solo intra sino extraterrestre.
Fotos en Talampaya: Mariel Cuello
(1) El didgeridoo,”didjeridu”, diyiridú es un instrumento de viento (o aerófono) ancestral utilizado por los aborígenes de Australia. Básicamente es un tubo de madera, el cual se hace sonar al hacer vibrar los labios en el interior. Se supone que tiene unos 2.000 años de existencia], de acuerdo con la datación de algunas pinturas rupestres en las que aparece el instrumento, aunque los propios aborígenes le dan una antigüedad de hasta 40.000 años
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